sábado, 10 de septiembre de 2016

ROSTRO DE MUJER EN LA GUERRA DEL CHACO

Dr.Antonio Dubravcic Luksic
Socio de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre”
 
El rol de la mujer en la Guerra del Chaco  es un tema que normalmente no es considerado en la historiografía, ya que solo tiene espacio para los soldados, el papel de las mujeres en la Guerra del Chaco tuvo varios rostros, fueron madres, esposas, hijas, enfermeras, madrinas, espías y hasta prostitutas, su rol fue fundamental para la supervivencia de las tropas, que necesitaban ser alimentadas, vestidas y curadas.
Así lo revela la recopilación histórica de los coroneles Claudio Sevillano Villavicencio (director general Territorial Militar del Ministerio de Defensa) y Enrique Zegarra Gómez, publicada en la revista Enfoques. 
Los  soldados recibieron gran apoyo  de la mujer boliviana, algunas de ellas viajaron a la zona de conflicto llevando cigarrillos, jabones, chompas, víveres, frazadas, revistas, libros, se quedaron, durante un tiempo, como enfermeras en los hospitales de campaña.
Además de los soldados que acudieron a esta nefasta guerra, algunas mujeres se enrolaron como enfermeras, aun sabiendo que en el campo de batalla podían perder su vida, algunas murieron en el cumplimiento del deber, otras cayeron enfermas, víctimas del ardiente y malsano clima de la región y no faltaron quienes fueron capturadas por las fuerzas paraguayas, en toda esta labor desplegada, estuvo presente el amor por la Patria.
Cuando se inició el conflicto bélico entre Paraguay y Bolivia en 1932, una parte muy importante de la sociedad boliviana organizó grupos denominados: “madrinas de guerra”, Se consideró uno de los actos colectivos de mayor importancia, el hecho de que los soldados que asistieron a la Campaña del Chaco nombraron “madrinas de guerra”. (1)
La señora Bethzabe Iturralde, recibió la autorización del Ministerio de Guerra y Colonización, en el mes de julio de 1932 para organizar a nivel nacional la agrupación “Madrinas de Guerra”.
Esta filial, en la ciudad de Sucre, estuvo presidida por la Sra. Clotilde Urioste de Argandoña, Vicepresidentes las señoras Beatriz de Herrera y Luz U. de Álvarez. (2)
En Sucre en el mes de octubre de 1932 la Asociación de Maestros organizó la Legión de “Madrinas de Guerra”, en su convocatoria manifestó el deseo de estimular el sentimiento patriótico de las damas de Sucre, las partes más salientes de ese manifiesto expresó:
“las señoras y señoritas, comprenden que la Patria es obra común, la historia de Bolivia, está llena de nobles acciones y del patriotismo de sus hijas. El soldado es el guardián de la heredad patria y del honor nacional; la mujer es el corazón que alienta a éste como una hoguera sagrada. La misión de las Madrinas es estimular a todos los soldados con su palabra, una frase de afecto, una sonrisa, la ayuda no se refiere a crear obligaciones pecuniarias, o compromisos onerosos. Hay ayudas morales que valen más que todos los tesoros, un consejo cariñoso, una buena noticia oportuna, una palabra de aliento, sirven más que un donativo material” (3)
Ellas por iniciativa propia tuvieron la costumbre de obsequiar a los soldados un escapulario con imágenes santas, conocido con el nombre de “detente”, que los “ahijados” cosieron a modo de amuleto, en el bolsillo interior de sus chaquetas. (4)
Los soldados reconocieron la importante labor de estas mujeres, muchos de ellos las consideraron elementos indispensables para su bienestar, en medio del hambre, la sed, el dolor y las balas.
El papel que desempeñaron estas mujeres en la conflagración, fue considerado como “ángeles guardianes”, sirvieron de guías, de inspiración, dieron al soldado boliviano la confianza y el valor en los difíciles momentos del combate.
Durante la guerra del Chaco, las mujeres también asumieron otros roles, en las ciudades, llenando los espacios dejados por los varones, alrededor de unos 50.000 partieron al frente. (5)

En las ciudades, muchas mujeres se organizaron en ligas para prestar apoyo y ayuda a los soldados que fueron a la guerra y a sus familias. En Santa Cruz recordamos a las Damas de la Misericordia, las Damas de la Liga Filial del Progreso.
La Cruz Roja Boliviana, existe desde el siglo XIX, estableció un cuerpo de enfermeras. Los colegios, las  asociaciones de damas se organizaron para ofrecer a los soldados escarapelas, galletas, cigarrillos.
 Hicieron campañas para recolectar ropa, confeccionaron uniformes, ropa interior, sábanas, mosquiteros. (6)
 Dicha labor fue reconocida por la sociedad, como  se menciona en la prensa de la época: “Las mujeres están llevando una labor cuya magnitud no es posible todavía medir; esta poderosa fuerza espiritual que parte el alma de las mujeres bolivianas sea también el arma formidable e incruenta de la defensa”
Ese fue el propósito  de las kermeses y demás actividades organizadas por la Sociedad Patriótica de Señoras, que agrupaba a las mujeres de la alta sociedad paceña, recolectando fondos (7) 
 Felipe Ramírez Ríos(8)  en su relato titulado “Las mujeres uyunenses en la Guerra del Chaco” describe lo siguiente: “De los varios relatos que me transmitieron mis padres quiero narrarles lo que he denominado un día en la vida de una mujer uyunense durante la Guerra del Chaco. Esta es la historia: La señoras Mauricia Vda. de Aróstegui  y   Dominga Claros nos convocaron  para reunirnos de inmediato en su casa, ya que se anoticiaron  que un nuevo tren con nuestros soldados pasaría esa noche por Uyuni y había que preparar el recibimiento tal como lo estamos haciendo desde que comenzó el conflicto, nosotras en la agrupación “Pro titanes del Chaco” así como otras señoritas y señoras en “la Liga patriótica de señoras”, desempeñaron  sus labores, unas saliendo a las calles a recolectar dinero y vituallas de todas las familias uyunenses, otras cosiendo pequeñas talegas de tela distribuyendo porciones de “phasankalla” (maíz reventado al fuego con azúcar) , coca y un paquete de cigarrillos de tabaco boliviano sin refinar los “maithukus”, en todos ellos ponemos con mucho cariño una pequeña hoja impresa con palabras de aliento y apoyo moral, frases como “viva Bolivia, valor en el combate, la Patria les agradecerá siempre, por Bolivia y por sus familias defendamos el petróleo”. Para amenizar el trabajo y levantar también nuestro espíritu patriótico cantamos cuecas con letras que hemos cambiado y las hemos vuelto alegóricas al conflicto, o como el caso de la cueca del “Destacamento 111”

Mañana me voy, al chaco Boreal
aunque los pilas me estén matando
adiós negrita no has de llorar por mí…”
 
A todas las mujeres benditas que perdieron hijos, enterraron solo la carta que recibieron del Comandante en Jefe del Estado, nunca supieron dónde quedó el cuerpo de su hijo. Esas mujeres que siendo “madrinas de guerra” acompañaron a los soldados, curaron sus heridas y sacaron sus pañuelos blancos para despedirlos en las estaciones del tren, a esas que los siguieron durante la campaña, a la Mujer boliviana, esposa, compañera, madre de familia, madrina, enfermeras, religiosas, la historia dirá algún día cuan valiente fuiste, eres y lo serás (9)
Elvira Cárdenas Román, se refiere a las "madrinas de la guerra", quienes eran nombradas por los combatientes o reservistas, ellas eran sus enamoradas, tías, hermanas, señoras y señoritas, citamos lo expresado por Frida de Brindley, en la siguiente nota: "mi deseo vehemente es que mis ahijados, actúen en defensa del patrimonio nacional con toda suerte, demostrando la valentía del soldado boliviano, que en la hora presente, lucha por el derecho y la justicia que le asiste sobre el suelo patrio del Chaco" (10).


ENFERMERAS


En la línea de fuego, a las enfermeras, les ha tocado vivir los momentos más crudos de este conflicto. Ellas tenían la triste misión de salvar vidas destrozadas por la metralla.
Los hospitales de campaña eran vetustas instalaciones en las que los cadáveres iban sumando rápidamente.
Las enfermeras tenían el mandato de atender solamente a los heridos que tenían la certeza de sobrevivir, no así a los soldados que tenían órganos vitales comprometidos o heridas, que por su gravedad ya no auguraban en el combatiente, más vida que la que le permita su triste y dolorosa agonía. Entre alaridos espantosos, ellas tenían también proveer un último consuelo a los moribundos. Cuando la muerte se acercaba, el soldado rogaba que se comuniquen con sus familiares y para avisar de su muerte como valiente y no como cobarde, “dile a mi mamita que la amo”, “dígale...”.(10)
En su mayoría las enfermeras correspondían a las religiosas alistadas desde diferentes ciudades de Bolivia y a jóvenes voluntarias que se enrolaron en la más temible aventura de sus vidas.

ISABEL ALDANA CAVERO (Sucre, 1907 – 2003)

Matrona, Enfermera, El Ministerio de Educación le otorgó el título de Matrona en febrero de 1934. La Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca le concedió el de enfermera en marzo de 1936. Partió rumbo al Chaco en el mes de agosto de 1932, junto a las siguientes enfermeras: Nena Cors, Herminia León, Constantina Melgarejo, Isabel Taboada, Hortensia Nava Ruiz, Carmen Daza y Aurora Imana, bajo la dirección del Teniente coronel médico: Dr. Ezequiel L. Osorio. Durante la campaña del Chaco, trabajó en el hospital Militar de Villamontes, posteriormente desempeñó sus funciones en el Hospital Militar nº 2 de Tarija, Finalizada la contienda bélica, brindó sus servicios como enfermera-matrona en el hospital de Chocaya Departamento de Potosí. Posteriormente trabajó en la maternidad del Hospital Santa Bárbara de Sucre. Finalmente de 1959 a 1976 se desempeñó como enfermera obstetra en la Caja Nacional de Seguridad Social. (11)

ANGÉLICA ORDÓÑEZ

En la localidad de Las Lomas, a 12 kilómetros de Macharetí (Chuquisaca), vive la única mujer sobreviviente de la Guerra del Chaco: Angélica Ordoñez, que ha cumplido 101 años. El 26 de marzo del 2013 recibió la medalla “Mariscal Andrés de Santa Cruz” en reconocimiento a su valentía y sus servicios prestados en el campo de batalla. Si bien su longevidad es un hecho que llama la atención, mucho más aún es la lucidez con la cual llegó a esa edad,
Herman Rivera, asesor jurídico del municipio de Macharetí, señaló que Angélica Ordóñez significó “un símbolo vivo de la historia del Chaco y de Macharetí, por su pasado, por su presente y por el ejemplo que dejará para el futuro”.
“La señora Ordóñez fue una de las mujeres que tuvo que prestar sus servicios durante la guerra. Luego de ser avasallada en su propio domicilio por el ejército enemigo, escapó junto a su familia y después se enroló en el ejército boliviano, donde trabajó como enfermera” (12)
Según contó su nieta, Rosario Colodro. El momento más emotivo fue cuando Angélica Ordoñez, con sus 102 años, llegó a la ciudad de Sucre, el 24 de mayo del 2012, en el Museo Militar Mariscal Sucre, donde se realizó la ceremonia de condecoración. Había viajado 12 horas casi continuas desde Macharetí, para no faltar a la cita, “Mi abuelita, siempre nos ha dicho que fue bastante triste para ella, porque estaba embarazada cuando se inició la guerra. Nació su hija y lamentablemente tuvo que dejarla para ir a la guerra como enfermera” (13)

MARÍA JESÚS BELLOT

Fue otra de esas valientes enfermeras que cumplió su misión en el hospital de Macharetí, “El Diario”, en su edición del 10 de enero de 1935, titulaba:
“Una digna enfermera” y más adelante señalaba, “se encuentra en el hospital de Miraflores la señorita María Jesús Bellot, que permaneció en el hospital de Macharetí, quien adolecía de una enfermedad contraída en servicio, fue atendida por la Cruz Roja”.

JUANA MENDOZA PEDRAZA, nacida en Roboré (Santa Cruz)

En el 2002, el periodista boliviano Mauricio Carrasco recibió el Premio de Periodismo Humanitario “Henry Dunant”, otorgado por el Comité Internacional de la Cruz Roja para Latinoamérica, por el reportaje titulado “Héroes olvidados: El recuerdo de una voluntaria de la Cruz Roja en la Guerra del Chaco”. Carrasco describió la historia de esta mujer que se enroló junto a sus amigas Pablita, Estefanía y Margarita como enfermeras en la contienda del Chaco.
“Llegamos al Fortín Ravelo”, relató Juana a tiempo de señalar que a los pocos días comenzaron a llegar los heridos. “… Y vimos, piernas y brazos desprendidos de sus cuerpos, hombres que agonizaban y gemían de dolor”.
A los seis meses, las cuatro enfermeras fueron trasladadas al Fortín Pozo del Tigre y allí realizaron su labor en pleno frente de batalla, recogiendo a los
heridos con los camilleros sin “importarles los disparos”.

MARÍA JOSEFA SAAVEDRA

Ingresó como enfermera voluntaria en la Cruz Roja Boliviana en el Hospital Militar No.1, colaboró en la curación de heridos y enfermos; en la provisión de vituallas y ropa; en la atención de la sección cartas de los familiares a los soldados, participó en la instrucción a las enfermeras. Con el grado simbólico de Brigadier Mayor, prestó sus servicios a los heridos que llegaban al Hospital Orihuela, situado en la ciudad de La Paz.

FRANCISCA NIETO PANDO

Nació en Oruro el 2 de septiembre de 1904 y murió en La Paz, a los 97 años, el 5 de abril de 2001. Realizó sus estudios en el colegio “El Carmen” de Oruro y posteriormente en el Liceo de Señoritas de La Paz. En 1949, recibió el título de enfermera profesional, labor que desempeñó durante toda su vida con entrega y sacrificio.
Durante la Guerra del Chaco, sirvió en el Hospital Militar de Sangre Nº 1 y en el Hospital del Banco Central, los soldados heridos, a quienes cuidaba y atendía, la llamaron “Mamita Panchita“.
En 1944, cumplió esas mismas funciones en el Centro Materno Infantil de la Cruz Roja Boliviana, atendió, como representante de la Cruz Roja Boliviana, a los presos políticos de varios gobiernos, entre ellos a los confinados en la Isla de Coati del Lago Titicaca en 1942, a los de Corocoro durante el gobierno del MNR.
En esta misma etapa, atendió a los heridos de la revolución del 52.
Por sus méritos, recibió la condecoración “Antonia Zalles de Careaga”, de la Cruz Roja Boliviana y “Florence Nightingale,” del Comité Internacional de la Cruz Roja. En 1985, la Cruz Roja Boliviana instituyó la medalla a la constancia con el nombre. Francisca Nieto Pando, “Panchita”.

ALICIA COSÍO

Fue de las primeras en ir al frente de batalla, mujer fuerte heroica y noble que traía en sus pupilas la impresión de todas las angustias vividas en la Guerra. Guardó en su corazón como reliquia el último encargo de los valientes y el postrer suspiro de los que se fueron para no volver más. Alicia Cosío, durante ocho meses vio desfilar ante sus ojos a centenares de heridos, ha mitigado con cariño indistintamente, la agonía del soldado de ojos azules, o el quejido del obrero y los estertores del indio.
Le gustó cuidar a los enfermos, trabajó bajo la dirección del doctor Ibáñez Benavente en el Hospital de Miraflores, cuando se produjo el conflicto con el Paraguay ofreció sus servicios a la Cruz Roja, como contaba con varios años de práctica la destinaron al Fortín Muñoz. Fue una de las primeras enfermeras en partir al Chaco, dejó su hogar y a sus ancianos padres,
Ella relató en una entrevista: “El camino fue largo y penoso, antes de llegar a Fortín Muñoz tuve que intervenir en un accidente con lamentables consecuencias; mis recuerdos se confunden, he visto tanto, me hallo aún bajo la impresión del estampido de los cañones que rasgan el espacio con ligeras intermitencias, ruidos furiosos y ensordecedores, aquí un herido que con voz dolorida me pedía que le ayudara a rezar, allá un soldado que me confiaba sus últimos encargos, otros que pedían al médico que los diera de alta para ir nuevamente a la línea de fuego, otros que en su delirio llamaban a sus madres, pero los más querían abandonar el lecho para continuar en su puesto, combatiendo” (14)

DOMITILA MIRANDA JEREZ

"Después de dos años y seis meses de haber convivido entre heridos, cadáveres y fusiles no tiene miedo a la muerte y estaría dispuesta a agarrar un arma y disparar si alguien la ataca”. Relató con entereza a pesar de sus 92 años.
Sus ojos observaron durante el combate a los soldados bolivianos y paraguayos, ya nada le asombra, su coraje y valentía contrastan con la calidez  y lucidez de esta mujer, que reside en una humilde vivienda en Boyuibe, junto a su esposo Ascencio Suárez.
Continua con su relato: “Tenía escasos 14 años, fui llevada por el médico Raúl Ramos, pese a la oposición de su madre, para ser traductora del guaraní y ayudante de enfermería al templo en Cuevo, que se transformó en un improvisado hospital para atender a los soldados heridos”.
Otra de las cosas que siempre quedó grabada en su mente es que de “las catreras” tiraban los cadáveres como sapos al suelo para que una máquina los recogiera y los arrojara en una fosa común, donde eran enterrados juntos, bolivianos y paraguayos.
El tramo entre Charagua y Villamontes fue donde se registró la matanza más grande de los paraguayos, allí se suscitaron los combates más sangrientos, que antecedieron el fin del conflicto bélico. Doña Domi como la llaman familiarmente expresó: “Los pilas querían invadir Camiri y, con eso, lo demás era más fácil”. (15).
 
MARTHA MENDOZA LOZA

Nació en el centro minero de Llallagua, su padre intelectual, político, escritor y médico: Jaime Mendoza, su madre Doña Matilde Loza de Mendoza.
En la década de los 30, Martha fue una joven agraciada y de baja estatura.
Al igual que Martha, su hermana Tula, expresaron sus sentimientos frente a la tragedia de la guerra y al sufrimiento del soldado anónimo, en un hermoso poema que gano el primer premio, en un concurso convocado por el Ateneo Femenino en 1935; el segundo premio lo ganó Yolanda Bedregal y el tercero le correspondió a Martha Mendoza. El poema ganador inscrito con el pseudónimo “madrina de guerra” se llamó:

CANTO AL SOLDADO DESCONOCIDO

En media noche, en la puerta de la choza
Que está cerrada solloza
Afuera, como un lamento
El monorritmo del viento
Y allí dentro están los hijos del soldado
Uno, dos ,tres, cuatro ,cinco…en el helado
Suelo, con sus cuerpecitos esparcidos.
……………………………………………….
¡Soldado que te perdiste,
Soldado desconocido
Así yo también te siento
Como el niño en el lamento
Del viento en la choza triste
Soldado tu eres el viento!
 

RELIGIOSAS PONTIFICIAS FUERON UN APOYO IMPORTANTE EN LA GUERRA DEL CHACO

Las religiosas de la “Congregación de las Hermanas Pontificias”, ahora conocidas como las “Misioneras Cruzadas de la Iglesia”, realizaron un trabajo importante en la contienda de la Guerra del Chaco, atendiendo a los heridos que llegaban con vida y preparándoles de forma espiritual en las parroquias del campo. La fundadora de la congregación: madre Nazaria Ignacia, dispuso que las religiosas de la congregación realicen funciones de enfermería.
Las religiosas, participaron como enfermeras en los centros donde atendían a los heridos y enfermos, muchos de ellos con padecimientos contraídos por las epidemias que surgían en el lugar de combate, motivo por el que la Madre Nazaria Ignacia, abrió un primer banco de sangre en el hospital de Potosí. (17)

La Madre Nazaria Ignacia March y Mesa, Nació el 10 de enero de 1889 en Madrid-España. En 1912, inicio su noviciado junto a 9 compañeras en Oruro-Bolivia. Nazaria Ignacia murió en Buenos Aires, el 6 de julio de 1943, dejando una estela de santidad. 
Sus restos, según su deseo póstumo, fueron trasladados a la casa Matriz de Oruro, el 18 de junio de 1972.

La Conferencia Episcopal Boliviana, las Hermanas Misioneras Cruzadas de la Iglesia, y el pueblo de Bolivia, pidieron a Su Santidad Juan Pablo II, que la madre Nazaria Ignacia sea reconocida en santidad y mostrada al pueblo de Dios como ejemplo de imitación o inspiración para todos. Fue Beatificada por S.S Juan Pablo II en Roma el 27 de septiembre de 1992, su fiesta es proclamada el 6 de julio de cada año. (18)

LAS “HERMANAS DE SANTA ANA”

Estas religiosas brindaron sus servicios a la Sanidad Militar y a la Cruz Roja, una comunicación telegráfica enviada desde Sucre, se puso a disposición del gobierno 60 hermanas, esta actitud valerosa fue motivo de elogios por la prensa escrita. La Razón en sus párrafos señaló: “Han recibido las Hermanas de Santa Ana, orden de movilizarse. El 11 de mayo de 1933 partieron al Chaco las primeras cinco hermanas, para atender el hospital de Sangre, situado en Fortín Ballivian. Estas hermanas fueron: Sor Ana Julia Covalchini, Sor Ana Virginia Arnone, Sor Ana Benjamina Gardelli, Sor Ana Regina Cabrera y Sor Ana Paulina Negri”. Sor Ana Bernardetta Soria Galvarro, en su calidad de enfermera recibió la Medalla “Florencia Nightingale” Premio Internacional otorgado a la mejor enfermera.(19)
 
 En 1934 el General Enrique Peñaranda, Comandante en Jefe del Ejército condecoró con la Medalla de Guerra a cinco religiosas de las Hijas de Santa Ana.
El Dr. Gastón Cornejo Bascope, en una comunicación personal manifiesta:
La Madre VIRGINIA ARNONE, en la fotografía precedente, es la última derecha de la primera fila sentadas, fue durante la primera fase de la guerra del Chaco, la Madre fue la Encargada del Pabellón Quirúrgico, inicialmente del hospital de Retaguardia No 6 de Cochabamba; luego asistió al propio escenario de la guerra en el Chaco y después retornó a sus funciones en el hospital “Viedma” de Cochabamba. Fue una gran Enfermera, Jefe de Quirófano durante muchos años. Se la conoció como tal en la década del 60 hasta el 80 del siglo pasado, muy respetada y de gran experiencia. ( con 50 a 60 años de servicio)
En los últimos días la visité donde estaba alojada en una Casa de Reposo. Me reconoció perfectamente a pesar de su avanzada edad. Falleció santamente en Cochabamba”.
(20)

MUJERES ESPÍAS.
En 1934, mientras paraguayos y bolivianos luchan a muerte en las candentes arenas chaqueñas, el Servicio Secreto Boliviano, alistó un operativo, de Potosí salio la noticia de la instalación de un Consulado de Paraguay en La Quiaca, (Argentina). La posición fue estratégica, pues el grueso del Ejército boliviano pasó por Villazón, a metros de la frontera.

ROSITA APONTE trabajaba en el Parlamento antes de ser entrenada por el SSB y destinada a Villazón, conjuntamente un grupo de Inteligencia integrado por las damas Adela Bello, Elvira Llosa y otras, junto con Gastón Velasco y Carlos Ackerman, experto en cajas fuertes.
La bella cruceña abrió una pensión cerca de la legación diplomática guaraní y, con la complicidad de sus dos amigas, conquistó a los funcionarios consulares, a quienes invito a un baile. Todo estaba planificado. Ellas ingresaron como ciudadanas peruanas. 
Una noche, mientras los paraguayos se divertían, Velasco y Ackerman ingresaron al Consulado y sustrajeron de una caja fuerte documentos que permitieron descubrir la red de espías que funcionaba en suelo boliviano. “Cayeron argentinos, paraguayos, chilenos y hasta bolivianos ligados a ellos. Los agentes secretos bolivianos lograron descubrir la red”. (21)

MUJERES DEL “DESTACAMENTO L”

El Comando Superior pensó que había llegado el momento de atender otras necesidades del combatiente.
En la primera mitad de la campaña, las penurias físicas y la pobrísima alimentación, adormecieron el deseo sexual.
Un día de abril, ante la expectativa de la población de Ballivián, llegó un avión conduciendo a trece prostitutas dirigidas por una celestina. Las esperanzas de la soldadesca quedaron defraudadas los primeros días. El hecho de que la Sanidad Militar supiese que padecían de enfermedades venéreas, no fue óbice para que el “Destacamento L” continuase su gira hasta terminar, más tarde, en Villamontes donde se instaló la famosa “Casita Blanca” que era el burdel más famoso en esta parte del continente. Allí llegaron a prestar sus servicios mujeres llegadas no sólo desde el interior del país, sino también de países vecinos, principalmente Chile y Argentina. La conductora del grupo, a quien aparte de su volumen físico era conocida como “La Trimotor”, por su capacidad para atender y despachar soldados, de tres en tres, se convirtió en una de las figuras más populares de la campaña. (22)



BIBLIOGRAFIA.-

Velasco Isabel las valientes mujeres madrinas de guerra octubre de 2010
Calvo Ayaviri G. A 77 años de la Guerra del Chaco 1932 -1934; Imprenta IMAG Sucre 25 de mayo de 2009
Quinteros Aramayo M. “La Guerra del Chaco en el sentimiento orureño” Oruro agosto 2012
Lema Garrett Ana María Bolivianas en la historia: ideales, servicios y luchas LAZOS Revista de la Fundación UNIR Bolivia Año 5, Nº 8, pág. 13 La Paz 2010.
Ramírez Ríos F. Las mujeres uyunenses en la Guerra del Chaco 25 de agosto de 2013
Cárdenas Elvira, "Oruro en la Guerra del Chaco” Diario “La Patria” noviembre de 2011
Durán Jordán, F; Seoane Flores, A.M; “El complejo mundo de la mujer durante la Guerra del Chaco” Coordinadora de Historia/Ministerio de Desarrollo Humano-La Paz 1997
Ugarte Arce J.: La Guerra del Chaco y las “Hermanas de Santa Ana” Arch.Bol. de Historia de la Medicina Vol. 7 Nº 8 y Vol. 8 Nº 1 Julio 2001, junio 2002
**************************



No hay comentarios:

Publicar un comentario